miércoles, 12 de julio de 2017

EL VOTO DEL JOVEN SANTOS

Por Mario Santos.

Nacido y criado en Balvanera,
columnista de La Pluma de la Derecha.
Enviado especial a los Estados Unidos.



Se acerca un nuevo proceso electoral. Y lamentablemente, como siempre, los argentinos estamos condenados a ir a votar al mal menor. Al que nos parezca que menos daño le va a ser a la Patria. Nunca -o casi nunca- podemos ir a votar con entusiasmo, y es algo que me da mucha bronca.

En las próximas elecciones los habitantes de la República Argentina tendrán que elegir entre una banda de delincuentes o la política económica de Sturzenegger que luego de un año y medio sólo consiguió empobrecer más a la población.

Por supuesto que voy a votar a Cambiemos, porque voto a la civilización. Pero no estoy yendo a votar con muchas ganas.

Creo que estaría de más explicar porque no voy a votar al Kirchnerismo ni sus variantes. Sigo intentando entender cómo un grupo de desvalijadores, corruptos y mercenarios que desmantelaron el estado y asaltaron a la nación de una manera repugnante, en lugar de estar condenados y presos, y pidiéndole disculpas al pueblo argentino al que han robado y privado de su futuro, siguen en cambio no sólo libres y disfrutando de sus lujos, sino también pretendiendo volver a presentarse a elecciones: cara de piedra es lo que tienen estos políticos. Más aún me asombra por otro lado que haya gente que los vote.

Sin embargo, no estoy encantado con este gobierno. No me gusta su política económica, no me gustan muchos de sus funcionarios, no me gusta su progresismo y el marxismo cultural del que hace apología, no me gusta el atraso en las obras, y no me gusta Rodríguez Larreta.

Voto a este gobierno porque me gusta vivir en civilización. El aire que se respira es de mayor democracia, respeto, y tolerancia. Los operativos que continuamente realiza el ministerio de seguridad que siguen desmantelando bandas de celulares, salideras, drogas, etc.; el endurecimiento de los controles migratorios en las fronteras; y la limpieza llevada a cabo en la Afip y en la Aduana; son síntomas claros de un gobierno que pretende hacer las cosas de una manera más limpia y seria. Pero eso no quita que la gente esté pasando hambre. No me estoy quejando por la quita de subsidios, porque soy de los que creen que el estado no debe gastar dinero en subvencionar servicios públicos (salvo casos extremos como la electro-dependencia). Sino que me refiero a la macroeconomía globalista que se intenta instalar en la Argentina, y no funciona en ninguna parte del mundo. Jamás podremos por ejemplo competir con los productos chinos, y es por una razón muy simple: los chinos viven en condiciones de vida muy precarias que son las que permiten que los productos tengan los precios que tienen. La única manera de competir contra eso es precarizando las condiciones de vida y de trabajo de la población argentina, o lisa y llanamente destruyendo la industria nacional.

No me gusta tampoco la política monetaria llevada a cabo por el Presidente del BCRA, el señor Federico Sturzenegger quien en este momento es implícitamente el ministro de economía de la República. La misma está contribuyendo a la destrucción de la industria nacional con el dólar a un precio irreal, y profundiza la recesión en cuanto la prioridad en este momento es enfriar la economía para bajar la inflación, lo cual se está logrando pero… ¿A qué precio?

A propósito, esta semana leí en Clarín que las ventas en el mercado central cayeron 40%. El fenómeno obedece a que las capas más pobres eliminaron las frutas y verduras de su dieta, y las reemplazaron por alimentos más baratos, como polenta o fideos.

Este dato muestra las severas dificultades que tiene la economía para mostrar un crecimiento robusto y, en segundo lugar, muestra que, de no corregirse la política económica, en algunos años los más pobres agudizarán sus problemas nutricionales. Grave.

No me gusta el Pro en cuanto representa al progresismo de derecha (ubicado más precisamente en la centro-derecha del espectro político), y sirve en innumerables ocasiones al izquierdismo cultural.


No me gusta el atraso en obras de infraestructura pública como el triste y vergonzante estancamiento del subte de Buenos Aires.

Y por último, no me gusta que la prioridad del Pro como partido (o de Cambiemos como alianza) sea cuidarle la gobernación a Rodríguez Larreta, regalando la provincia. Lo importante es que la amenaza “Lousteau” (que en lo personal me parece más interesante que Larreta) no se adueñe de la ciudad, pero que Cristina esté primera según algunas encuestas no es tan preocupante. En lugar de utilizar a Carrió en Provincia (el comodín de Cambiemos), la prioridad se puso en quitar de en medio a Lousteau, quien a propósito, hubiese competido democráticamente en internas dentro de la lista de Cambiemos pero la estructura verticalista del Pro no lo permitió. Todo un feudo puritano en el que se eligen a dedo a los propios y se rechazan a aquellos que no coincidan con el “amarillo puro” de Durán Barba.

Nuevamente, votaré a Cambiemos porque no me queda otra, lamentablemente. Es lo “menos peor” que tenemos, y lo peor que le podría ocurrir a esta República es caer en manos de los delincuentes que desvalijaron, desmantelaron, y destruyeron el país. Pero que conste que sigo soñando con una opción auténticamente democrática, republicana, y patriota.

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